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EL CIELO

41

Los empleos de los ángeles en el Cielo

387. Las ocupaciones de los ángeles no se pueden enumerar ni describir detalladamente, pero algo se puede decir de ellas en general; son innumerables y también varían según las sociedades y sus oficios especiales. Cada sociedad desempeña un oficio especial, porque así como cada sociedad se halla en distinto bien, así se distinguen también según los usos, puesto que en el cielo los bienes son bienes en actos y obras, que son usos. Allí todo y cada uno prestan usos, porque el reino del Señor es el reino de los usos.

388. En el cielo hay administraciones de varias clases como en la tierra; eclesiásticas, civiles y domésticas. Que hay allí administraciones eclesiásticas consta por lo que se ha dicho y expuesto más arriba (n. 221-227) con respecto al culto Divino; que hay civiles consta por lo que se ha dicho acerca de los gobiernos en el cielo (n. 213-220) y que hay domésticas consta por lo manifestado referente a las habitaciones y viviendas de los ángeles (n. 183-190) y a los matrimonios en el cielo (n. 366-386). Es por lo tanto claro que las ocupaciones y administraciones son varias dentro de cada sociedad.

389. Todas las cosas del cielo se hallan arregladas según el orden Divino, cuyo orden es mantenido y asegurado por medio de administraciones desempeñadas por ángeles. Los asuntos que se refieren al bien común o al interés de todos son administrados por los más sabios, los asuntos particulares por los menos sabios, etcétera. Los oficios son subordinados uno a otro de la misma manera que los usos en el Divino orden. a cada oficio va por consiguiente unida una dignidad que corresponde al uso, pero el ángel no se apropia de esta dignidad, atribuyéndola, por el contrario, toda al uso, y puesto que el uso es el bien que obra y que este bien a su vez viene del Señor, la atribuye por consiguiente toda al Señor. Por cuya razón él que desea honores por miras propias y como cosa secundaria por causa del uso, no deseándolos principalmente por causa del uso y en segundo lugar por causa de su persona, no puede desempeñar oficio alguno en el cielo, porque mira en dirección opuesta al Señor, en primer lugar a sí mismo y en segundo lugar al uso. Decir uso equivale a decir el Señor, puesto que, según se acaba de decir, el uso es el bien y el bien viene del Señor.

390. De ahí se ve de que carácter es la distinción de clases en el cielo: cuanto uno ama, estima y honra el uso tanto ama, estima y honra también a la persona que lo desempeña, la cual es amada, estimada y honrada en la medida en que deje de atribuir a sí misma el uso y provecho, atribuyéndolo todo al Señor, porque en esta medida es sabia y presta por virtud del bien mismo el uso y provecho que presta. El amor, la estima y el honor espirituales son en realidad sólo amor, estima y honor por el uso que presta la persona. Quien mira a los hombres desde el punto de vista de la verdad espiritual les ve de esta manera y no de otra, porque comprende que el uno es igual al otro por más grande o más insignificante que sea su condición, la diferencia la nota únicamente en la sabiduría y la sabiduría es amar al uso, por consiguiente, al bien de los conciudadanos, de la sociedad, de la patria y de la iglesia. En esto consiste también el amor al Señor, porque todo bien que es bien de uso y provecho procede del Señor, y en eso consiste también la caridad o sea el amor al prójimo, porque el prójimo es el bien que se debe amar en el conciudadano, en la sociedad, en la patria y en la iglesia, y el bien se debe obrar en beneficio suyo.

391. Las sociedades del cielo se distinguen entre sí con arreglo al uso de cada una, puesto que se distinguen con arreglo a sus bienes (véase n. 41 y siguientes), y los bienes son bienes en actos o sea bienes del amor al prójimo, que son usos y provechos. Hay sociedades cuyo oficio es tener cuidado de los niños, otros cuyo oficio es instruirlos y educarlos cuando son de más edad, otras que de igual manera instruyen y educan a párvulos que del mundo vienen al cielo y tienen buen carácter por la educación en el mundo. Hay otras que enseñan a la gente buena, pero ignorante que viene del mundo cristiano, y la guían por el camino del cielo. Otras enseñan y guían de igual manera a diversas clases de paganos. Hay otras que protegen contra la infección de malos espíritus a los espíritus recién venidos del mundo. Hay sociedades que asisten a los que se hallan en la tierra inferior, y también los que se hallan con los que están en el infierno, moderando para que no se atormenten unos a otros fuera de los límites establecidos, y hay también quienes están juntos a los que resucitan de los muertos. En general, hay ángeles de cada sociedad enviados a los hombres para custodiarlos, apartarlos de malas inclinaciones, y por consiguiente de malos pensamientos, e infundirles buenas inclinaciones conforme consienten a ello por su libre albedrío; de esta manera dirigen los actos y las obras del hombre, con apartar en lo posible sus malas inclinaciones. Los ángeles que están con el hombre habitan por así decir en sus inclinaciones y están cerca en la medida en que el hombre se halla en el bien por verdades, pero distantes en la medida en que se halla lejos del bien a causa del vivir. Estas funciones de los ángeles son, sin embargo, todas funciones del Señor por conducto de los ángeles, siendo así que los ángeles no las desempeñan por virtud de sí mismos sino por virtud del Señor. Por esta razón "ángel" en el Verbo no significa ángel, sino cierta cosa propia del Señor, y por esto mismo los ángeles en el Verbo se llaman "dioses."

392. Estas ocupaciones de los ángeles son sus ocupaciones en común pero cada uno tiene además su ocupación particular, porque todo uso común se compone de innumerables usos llamados usos medios, auxiliares y contribuyentes. Todos y cada uno se hallan coordinados y clasificados según el Divino orden y el conjunto de ellos forma y completa el uso común, el cual es el bien común.

393. Los oficios eclesiásticos desempeñan los que en el mundo amaban el Verbo y escudriñaban en él las verdades por inclinación, no con el objeto de adquirir honores y ganancias, sino en beneficio de la vida suya y la de otros. Con arreglo a su amor y a la inclinación que tienen al uso, se hallan estos en el cielo en la iluminación y en la luz de la sabiduría, que en el cielo se adquiere mediante el Verbo, el cual allí no es natural, como en el mundo, sino espiritual (véase más arriba, n. 259). Estos desempeñan el oficio de predicación, y se hallan allí, conforme el orden Divino, en un lugar más elevado, los que por su ilustración exceden a otros en sabiduría. En oficios civiles se hallan ocupados los que en el mundo amaban a la patria y al bien común más que a su bien particular, obrando con justicia y rectitud por amor a lo justo y recto. En la medida que por la inclinación del amor han estudiado las leyes de la justicia, y por ello llegado a ser inteligentes, tienen facultades de desempeñar oficios en el cielo, lo cual hacen en la medida o el grado de su entendimiento, que entonces es tal como es su amor al uso por causa del bien común. Por lo demás hay en el cielo tantas administraciones y ocupaciones que su abundancia desafía toda tentativa de enumerarlas; en el mundo hay comparativamente pocas o ninguna. Todos los ángeles se hallan en gozo por su trabajo y su ocupación a causa de su amor al uso y no a causa del amor a sí mismo o a causa de las ventajas personales. Entre ellos no puede tampoco haber los que anhelan riquezas por causa de la vida porque todas las necesidades de la vida les son dadas gratuitamente; tienen habitaciones gratuitas, vestidos gratuitos, alimentos gratuitos; por lo cual es evidente que los que han amado a sí mismo y al mundo más que al uso no pueden tener participación alguna en el cielo, puesto que el amor o la inclinación de cada uno permanece en él después de la vida en el mundo, y no le deja en toda la eternidad (véase arriba, n. 363).

394. La ocupación de cada uno es conforme la correspondencia, y la correspondencia no tiene lugar con la ocupación misma sino con el uso de ella (véase arriba, n. 112), y correspondencia hay en todas cosas (n. 106). Él que en el cielo se halla en la ocupación que corresponde al uso (de su bien), se halla en igual estado de vida que en el mundo, porque lo espiritual y lo natural obran como una sola cosa mediante la correspondencia; pero la diferencia es que en el cielo se halla en un estado interior, por cuyo estado tiene mayor facultad de recibir la bienaventuranza celestial.

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